sábado, 3 de julio de 2010

No lo soñé, así pasó...



No lo Soñé... Así pasó...

Varias veces he recordado, en mi mente y con palabras, lo que me sucedió hace algunos años... de recordarlo me da escalofrío... una sensación que no sentí en el momento, al contrario, sentí una calma después de vivir segundos llenos de angustia, que me parecieron eternos.

Fui al centro de la ciudad, en la tarde para buscar un vestido para la boda de mi hermana, no tenía carro, así que sólo me dejaron y acordamos que me esperarían en un lugar determinado, a unas cuantas calles de la última tienda, donde finalmente hice mis compras. Se me hizo tarde, era media hora después de la convenida... llegó la oscuridad que traen consigo las horas tardías...

Apresuré mi paso, vi las calles semivacías, había poca gente, las tiendas estaban ya cerradas. Pensé, -si no me doy prisa, pensarán que me he ido-... Decidí tomar atajos, crucé calles en donde la oscuridad imperaba... era mayor mi desesperación por que me dejaran.

Di vuelta en una esquina, me detuve repentinamente al ver completamente vacía y obscura esa larga avenida, dudé cruzar por ahí en ese momento, regresarme implicaba tardar más tiempo, decidí hacerlo, le pedí a Dios que la pasara conmigo... tuve temor, cuando al temor rara vez lo encuentro... sentí miedo de sentirlo...

Cuando iba a media cuadra, vi a lo lejos, a través de la oscuridad, a un hombre parado en una esquina recargado en la pared, mi corazón se detuvo, cuando lo vi correr hacia mi... en un segundo lo tenía enfrente, cara a cara, recuerdo que no salió mi voz, quise gritar y no pude, di un paso hacia atrás, intentó rodearme con sus brazos, pero no lo logró, ni siquiera me tocó, lo vi a un centímetro de distancia... pude ver claramente como se desconfiguró su rostro, cuando miró atrás de mi... su rostro estaba completamente perplejo... vi un horror en su mirada, lo escuché agitado, trató de emitir un grito, pero enmudeció y salió corriendo... me quedé ahí parada, por unos segundos... mis piernas aún temblaban, trataba de comprender que había pasado... hasta ahora no lo entiendo.

Mis manos tiemblan en el teclado, de tan sólo recordar ese momento... salí corriendo por mi lado, di vuelta en la esquina y ya me esperaban impacientes... me subí al carro y guardé silencio, no hablé del asunto sino hasta varias horas después... no tenía claro que era lo que había pasado... simplemente dí gracias, y las sigo dando...


No soy dada a buscar conclusiones a lo que escribo... pero en ésta ocasión será diferente, será que después de escribirlo, no he dejado de recordar y agradecer la experiencia...


CONCLUSIÓN 1:
Una de las cosas que quedaron claras para mi, a partir de ese día, es que no importa lo fuerte y segura que me sienta, sé que necesito de la luz, fuerza, protección y bendición de Dios en mi vida, en mi camino... Muchas veces, cruzamos por tiempos difíciles, sorteando todo tipo de pruebas, y como en ocasiones no tenemos la necesidad de luchar, pasamos inadvertido el hecho de que Dios estuvo ahí, bendiciéndonos, en silencio... Siempre necesitaré a Dios en mi vida... y doy gracias porque siempre está conmigo.


CONCLUSIÓN 2:
Hay algo que me he estado preguntado en el transcurso de estos años... ¿Será que mi Ángel de la Guarda está muy feo? ó ¿Será que ese señor se asusta con lo bello? y otra interrogante que tengo... ¿Porqué no se me habrá ocurrido mirar hacia atrás en ese momento?... He pensado que me gustaría encontrarme algún día con este hombre sólo para preguntarle que fue lo que vió, que me contara su experiencia desde su punto de vista... Sólo eso...

2 comentarios:

Un Pitufo Azul dijo...

Hola Ruth.
La verdad es que hacer un simple comentario sobre este tema puede parecer osado para muchos.
Siento no ayudarte pero creo que la incertidumbre de tu experiencia te acompañará siempre.
Las dos conclusiones tuyas pueden servir, nadie mas que tu estará nunca mas cerca de la verdad.
Un abrazo. :D

Ruth L. Acosta dijo...

Hola Manuel...

Cierto, la incertidumbre de no saber exactamente que pasó... pero una experiencia que dejó marcada mi fe, mi confianza en Dios... han pasado 16 años de ese día, y cuando lo recuerdo, no puedo evitar que mi piel se ponga chinita...

Supongo que todos, de algún modo hemos vivido una experiencia de este tipo, pero para algunos no ha sido tan sorprendente, se manifiesta Dios de maneras tan extrañas... puede ser de tantos modos, en la enfermedad, en la muerte, en el nacimiento de un niño, en la soledad, en medio de la tormenta, pero sobre todo, el está en nuestras alegrías y regocijos... lo importante es saber reconocerle y agradecerle...

Te mando un abrazo...